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"Bernardino
de Sahagún y el Códice Florentino"
La
magna obra de fray Bernardino de Sahagún, su historia en
nahuatl y castellano, o como hoy se le conoce, el Códice
Florentino, vuelve a ser ahora asequible. En esta nueva edición
facsimilar que pulcramente saca a la luz la Editorial Libros Mas
Cultura. A diferencia de la primera reproducción, patrocinada
por el Gobierno de México en 1979, esta no aparece en tres
volúmenes sino en cuatro, o sea tal como fue su encuadernación
original. Esto lo sabemos porque el mismo Sahagún lo notó
en su dedicatoria al padre fray Rodrigo de Sequera, su protector,
al principio del Libro IV de su obra. Allí declaró:
"Tienes
aquí, observantísimo Padre, una obra digna de la mirada
de un rey,
la cual se dispuso en lucha acérrima y prolongada. De la
cual obra este es el Libro VI.
Hay otros seis después de este, los cuales todos completan
una docena, distribuidos en cuatro volúmenes."
El nuevo facsímil reproduce, en consecuencia, la forma antigua
que tuvo esta obra en verdad de inconmensurable valor, conservada
actualmente en la Biblioteca Medicea- Laurenziana de Florencia en
Italia.
Afortunados
son los que puedan adquirirla o tener acceso en las bibliotecas
y otros repositorios en que existan ejemplares de este códice.
La razón de ello es que en el tenemos la presentación
final, dispuesta por Sahagún, de los frutos de sus prolongadas
investigaciones. Estas fueron llevadas a cabo por el, entre ancianos
y sabios nahuas de varios lugares del altiplano central - Tepepulco,
Tlatelolco y México Tenochtitlan - auxiliado además
por varios de sus antiguos discípulos indígenas.
El
longevo fray Bernardino, que fue contemporáneo de Carlos
V y Felipe II, había nacido en 1499, en la villa de Sahagún,
en el reino de León. Allí florecía, como importante
centro cultural, el monasterio benedictino de los santos Facundo
y Metodio. Prueba de ello lo ofrece la publicación, poco
después de que Bernardino se embarcara con rumbo a México,
de un índice analítico de todas las obras de Aristóteles,
preparado con gran esmero, por el abad Alfonso Ruiz.
Siendo
aún bastante joven Bernardino, se trasladó a Salamanca
para estudiar en su célebre universidad. En ella aprendió
latín y se adentró en la historia antigua y en la
de España, así como en varias ramas del derecho, filosofía
y teología. Estando todavía en esa universidad, foco
del renacimiento español, decidió seguir el ejemplo
de San Francisco de Asís y tomo el hábito de la orden
fundada por el. Ordenado de sacerdote hacia 1527, dos años
más tarde escogió como destino pasar a la recién
conquistada Nueva España. En ella iba a transcurrir la mayor
parte de su vida hasta su muerte, acaecida en la ciudad de México
en 1590.
Los
primeros años de estancia en tierras mexicanas laboró
como evangelizador entre grupos nahuas de la región central
del país. Aprendió allí su lengua y se inició
en el conocimiento de su cultura. Pensaba que solo así podría
lograr su conversión al cristianismo. En 1536, al abrirse
formalmente el Imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, bajo
el patrocinio de Carlos V, fue asignado como uno de sus primeros
maestros. El propósito con que se fundó el nuevo colegio
consistió en la preparación académica y religiosa
de jóvenes nahuas principalmente, aunque no en forma exclusiva,
hijos de pipiltin, nobles.
Bernardino,
con algunos breves intervalos, iba a quedar vinculado con ese colegio
por el resto de su vida. Allí formo a cuatro de sus más
distinguidos discípulos que colaboraron luego con el en sus
investigaciones sobre lengua y cultura nahuas. Los nombres de estos
son Antonio Valeriano, de Azcapozalco; Martín Jacobita y
Andrés Leonardo, de Tlatelolco y Alonso Bejarano de Cuauhtitlán.
En
cuanto ámbito de acercamiento intercultural, el Colegio fue
una de las mejores realizaciones que trajo consigo el encuentro
de dos mundos. Los jóvenes indígenas aprendían
allí latín, gramática, historia, música
y se adentraban asimismo en el estudio de las Sagradas Escrituras,
religión y filosofía. A su vez, hubo allí maestros
indígenas. Entre otras cosas impartían conocimientos
sobre medicina y farmacología tradicionales; el arte de la
pintura de los códices; la historia de los pueblos nahuas
y otras materias.
En
el Colegio, al tiempo de la gran pestilencia que afligió
a la Nueva España en 1545 y el año siguiente, Bernardino
realizó se más temprana investigación. Fruto
de ella fue la trascripción de cuarenta huehuetlatolli, testimonio
de la antigua palabra. En ellos, aflora lo más elevado de
la sabiduría de los nahuas. Estos textos quedaron incluidos
más tarde en su Historia General (o universal) de las cosas
de la Nueva España, es decir como Libro VI del que conocemos
como Códice Florentino.
Algunos
años después, de regreso en el Colegio, ya que había
vuelto a trabajar como evangelizador en varios pueblos del altiplano
central, Sahagún realizó otra investigación
de gran importancia. Consistió ella en pedir a indígenas
ancianos, que habían sido testigos de los hechos de la Conquista,
testimonios acerca de ella. El conjunto de textos que reunió
pasó a integrar el Libro XII, es decir el último del
Códice Florentino. Estos y otros testimonios de diferente
procedencia, integran la Visión de los vencidos.
Continuó
Sahagún por algunos años sus trabajos de maestro en
el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. En 1558, según el
mismo lo refiere en su Historia General..., recibió de fray
Francisco de Toral, recién nombrado provincial del Santo
Evangelio, la orden de investigar acerca de las antigüedades
de los pueblos nahuas y los secretos de su lengua. Tal encargo y
el proyecto que puso en marcha Bernardino marcan precisamente el
inicio del largo proceso de investigaciones que culminó hasta
1576. Entonces organizó en doce libros la transcripción
de la mayor parte e los textos en nahuatl reunidos por el y sus
colaboradores en Tepepulco, Tlatelolco y México.
Acompaño
el ese gran conjunto documental con una versión en castellano
no literal sino parafrástica. En otras palabras, amplio en
algunos casos lo que expresa el texto en nahuatl para facilitar
la comprensión de sus posibles lectores europeos y, en otros,
lo abrevió suprimiendo lo que no le pareció necesario
dar a conocer en castellano. El resultado de ese trabajo que se
llevó a cabo, según lo hizo notar Sahagún en
el Prólogo del Libro VI del Códice Florentino, fue
una obra en dos columnas con numerosas ilustraciones, la mayoría
en colores. Dicha obra se conoció como Historia General (o
universal) de las cosas de la Nueva España. Hoy la nombramos
también Códice Florentino porque, como ya se dijo,
se conserva en la Biblioteca Medicea- Laurenziana de Florencia.
Al
publicarse ahora esta nueva edición facsimilar del dicho
códice, le he antepuesto un estudio en el que me ocupo de
ese largo proceso de investigaciones, revisiones y ordenamientos,
así como de su estructuración definitiva en libros
y capítulos. Para facilitar desde un principio la comprensión
de lo que es el Códice Florentino, he intitulado este trabajo
De la oralidad y los códices a la Historia General. Con estas
palabras quiero subrayar que la llamada Historia General (o universal)
de las cosas de la Nueva España tuvo como fuentes primaria
la oralidad de los ancianos indígenas y los códices
que presentaron ellos a Sahagún
Notaré
que dicho trabajo lo publiqué como un extenso artículo
en el volúmen 29 de Estudios de Cultura Nahuatl, anuario
que edita el Instituto de Investigaciones Históricas de la
Universidad Nacional Autónoma de México. Este volumen
apareció en 1999 en conmemoración de los 500 años
del nacimiento de fray Bernardino de Sahagún. Lo reproduzco
aquí, con la correspondiente autorización , porque
considero que es una introducción dirigida a iluminar la
forma como se llevaron a cabo las investigaciones de Sahagún
hasta lograr que esos testimonios se integraran a su obra definitiva
que no es otra, como ya se dijo, sino el Códice Florentino.
En su concepción y organización esta obra es fruto
del empeño y conocimiento de Sahagún; en lo que concierne
a su contenido textual, es resultado de lo que transmitieron los
ancianos indígenas, muy versados en su propia cultura.
El
ofrecer aquí dicho trabajo, vuelve innecesario continuar
refiriendo en esta Introducción lo que fueron la vida y quehaceres
de fray Bernardino a partir de 1558, cuando marchó a Tepepulco,
en el actual estado de Hidalgo, para dar principio a sus investigaciones.
Haré aquí también referencia a la biografía
que publiqué acerca de el en el mismo 1999, bajo el patrocinio
de nuestra Universidad y el Colegio Nacional.
Allí
y en el estudio que acompaña a esta edición facsimilar
me ocupo del método adoptado por fray Bernardino en sus investigaciones,
su interés lingüístico y la forma como distribuyó
al final su material.
Aquí
solo describiré someramente el contenido de la Historia...,
es decir del Códice Florentino. El primer volumen abarca
cinco libros que tratan, respectivamente, acerca de los dioses,
el calendario, fiestas y ceremonias, origen de los dioses, astrología
judiciaria (tonalpohualli o cuenta de los días y los destinos),
los agüeros y pronósticos. El volumen segundo comprende
solo el libro sexto, cuyo tema es la retórica, filosofía
moral y teología de la gente mexicana. A su vez el tercer
volumen incluye los libros séptimo, octavo, noveno y décimo
. Versan ellos acerca de la astrología naturales reyes y
señores, su elección y gobierno; los mercaderes y
oficiales de oro, piedras preciosas y plumas ricas; los vicios y
virtudes de los naturales, miembros del cuerpo y naciones que han
venido a poblar esta tierra. El volumen cuarto y último está
integrado por dos libros, el undécimo y el duodécimo.
Tratan ellos respectivamente, de las propiedades de los animales,
árboles, metales y de los colores, y de la conquista de México.
Fray
Bernardino, además de sus pesquisas en torno a la lengua
y cultura nahuas, preparó otras obras concebidas específicamente
para la evangelización de los indígenas. Cierto es
que, como misionero, se había propuesto conocer a fondo la
cultura indígena, para descubrir y poder erradicar sus idolatrías.
Pero también es verdad que, al ir penetrando en el alma indígena
y en sus creaciones, Bernardino fue quedando cautivo de estas. Podrían
citarse aquí muchas expresiones suyas de admiración
y respeto ante lo que iba descubriendo de las cosas naturales, humanas
y divinas en el universo de los pueblos nativos. Baste con decir
que en un lugar de su obra dijo que varios huehuehtlahtolli, testimonios
de la antigua palabra, " más aprovecharían dichos
en el púlpito por el lenguaje y estilo en que están,
a los mozos y mozas, que otros muchos sermones".
En
lo tocante a las obras de evangelización que escribió
Sahagún, conviene mencionar al menos sus varios sermones
en nahuatl, el Libro de los Coloquios, en el que recrea arquetípicamente
los diálogos que tuvieron los primeros doce franciscanos
llegados a México en 1524 con algunos sabios y sacerdotes
indígenas. Otro libro de considerable interés en su
Psalmodia Christiana, única obra suya que alcanzó
a ver publicada en México, 1583.
Este
incansable franciscano, que vivió cerca de noventa y un años
y que, por su método de trabajo y por los resultados que
alcanzó al inquirir sobre la cultura indígena ha recibido
el título de "Padre de la Antropología en el
Nuevo Mundo", experimento no pocas contradicciones y sinsabores.
Se le despojo en dos ocasiones de sus manuscritos. Un franciscano
visitador de la provincia, con celo malentendido y manifiesta imprudencia,
llegó a excomulgarlo. Bernardino superó esta y otras
adversidades. Trabajó hasta los últimos días
e su vida, manteniéndose cerca de sus antiguos discípulos.
Según
lo refieren varios anales en nahuatl: "A cinco días
del mes de febrero de 1590, murió fray Bernardino de Sahagún.
Había estado en Tlatelolco y aquí fue enterrado en
San Francisco, en la ciudad de México vinieron a su entierro
los señores de Tlatelolco." Citaré, para terminar,
con otro testimonio del sabio cronista de Chalco- Amecameca, Domingo
Francisco Chimalpain Cuauhtlehuanitzin. He aquí lo que dejó
dicho:
"Escribió,
según lo que interrogó a los que eran ancianos en
tiempos antiguos;
a los que conservaban los libros de pinturas, según lo tenían
pintado en ellas,
así allá, en tiempos antiguos los que eran ancianos.
Gracias a ellos nos habló de todas las cosas que sucedieron
en la antigüedad."
Con
la aportación de esos ancianos y su propio esfuerzo se consumó
el rescate. Pasados muchos años de que la Historia Universal
(general) de las cosas de la Nueva España fuera llevada a
España por otro visitador, el padre Rodrigo de Sequera, al
fin apareció ella en Florencia. Por conservarse allí
se designó como ya vimos, Códice Florentino. Ahora
gracias a Marcela Alvarez del Castillo Herrera de la Editorial Libros
Mas Cultura y a la Casa Aldus y su director Don José Sordo
Gutiérrez, podemos volver a tener en las manos fiel copia
de tan preciado manuscrito.
MIGUEL
LEÓN- PORTILLA
Investigador emérito de la UNAM
y miembro del Colegio Nacional
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